INTRODUCCIÓN AL PODCAST
¿Por qué nos atraen tanto los opuestos?
¿Te has dado cuenta de que muchas de las cosas más importantes de nuestra vida están llenas de contradicciones?
Queremos libertad…
pero también seguridad.
Queremos estar acompañados…
pero necesitamos nuestro espacio.
Queremos controlar lo que sucede…
pero también soñamos con dejarnos llevar.
Queremos cambiar…
pero nos da miedo soltar lo conocido.
Queremos decir que sí…
pero estamos cansados de complacer.
Queremos ser fuertes…
y al mismo tiempo necesitamos que alguien nos cuide.
Somos una colección de contradicciones.
Y quizá eso no sea un problema.
Quizá sea parte de lo que significa ser humanos.
De ahí nace CONNECTA Opuestos.
Un espacio para detenernos a mirar esas contradicciones de nuestra vida cotidiana y preguntarnos qué pueden enseñarnos sobre nosotros mismos.
¿Por qué creamos CONNECTA Opuestos?
Hemos trabajado durante años acompañando a personas, parejas y familias.
Y hay algo que hemos visto una y otra vez:
muchas veces aquello que más nos molesta del otro tiene que ver con algo que nosotros mismos necesitamos mirar.
La persona que quiere controlar todo se desespera con quien improvisa.
La que necesita hablar inmediatamente se desespera con quien guarda silencio.
La que siempre está disponible se molesta con quien pone límites.
La que necesita seguridad se inquieta frente a quien quiere cambiarlo todo.
Y entonces comenzamos a decir:
“Es que él es demasiado…”
“Ella siempre…”
“Yo no entiendo cómo puede…”
“¡Somos completamente opuestos!”
Y sí.
A veces somos opuestos.
Pero la pregunta que nos interesa es:
¿qué hacemos con esos opuestos?
¿Los rechazamos?
¿Intentamos cambiar al otro?
¿Nos alejamos?
¿O podemos aprender a mirarlos de otra manera?
Carl Jung y la importancia de los opuestos
Nuestra inspiración para explorar este tema viene, en buena medida, de la psicología de Carl Gustav Jung.
Para Jung, los opuestos forman parte fundamental de la vida psíquica.
Consciente e inconsciente.
Luz y sombra.
Razón y emoción.
Orden y caos.
Fuerza y vulnerabilidad.
Independencia y necesidad del otro.
Lo que mostramos…
y lo que escondemos.
Jung entendía que nuestra psique no es algo completamente ordenado y coherente.
Dentro de nosotros conviven fuerzas diferentes.
Y muchas veces entramos en conflicto precisamente porque queremos identificarnos solamente con una parte de nosotros.
Queremos ser “la fuerte”.
“El responsable”.
“La buena”.
“El que puede con todo”.
“La que nunca necesita ayuda”.
Pero aquello que dejamos fuera no desaparece.
Se va al inconsciente.
Y tarde o temprano busca una manera de hacerse presente.
¿Y si tu contradicción no fuera un defecto?
Quizá alguna vez te has dicho:
“¿Por qué soy así?”
“Una parte de mí quiere hacerlo y otra no.”
“Sé que debería soltarlo, pero no puedo.”
“Quiero cambiar, pero me da miedo.”
“Quiero estar sola, pero también quiero que me busquen.”
“Quiero una relación, pero no quiero perder mi libertad.”
Y pensamos que deberíamos resolver esa contradicción.
Elegir una sola cosa.
Decidir.
Controlar.
Eliminar una de las dos partes.
Pero quizá la pregunta no sea:
“¿Cuál de las dos tiene razón?”
Quizá sea:
“¿Qué me está mostrando cada una?”
Porque a veces la contradicción no necesita ser eliminada.
Necesita ser comprendida.
La vida está llena de polaridades
Pensemos en algo tan sencillo como el día y la noche.
No intentamos eliminar la noche porque preferimos el día.
Entendemos que ambos forman parte de un ciclo.
Lo mismo ocurre con muchas otras polaridades de nuestra vida.
Actividad y descanso.
Hablar y callar.
Dar y recibir.
Acercarnos y alejarnos.
Controlar y soltar.
Pertenecer y diferenciarnos.
Quedarnos y partir.
No se trata de escoger permanentemente un lado.
La vida nos va llevando de un polo al otro.
Y muchas veces el sufrimiento aparece cuando queremos permanecer para siempre en uno de ellos.
Lo que rechazamos también puede decirnos algo
Aquí aparece otro concepto fundamental de Jung:
la sombra.
La sombra no es simplemente “lo malo” que tenemos dentro.
Son también aquellas partes de nosotros que no reconocemos como propias, que hemos aprendido a ocultar, negar o rechazar.
Por ejemplo:
Quizá siempre has sido la responsable.
Y te cuesta aceptar tu parte rebelde.
Quizá has sido “la buena”.
Y no sabes qué hacer con tu enojo.
Quizá siempre has cuidado a los demás.
Y te cuesta reconocer que también necesitas que te cuiden.
Quizá has construido una imagen de fortaleza.
Y tu vulnerabilidad te incomoda.
Entonces ocurre algo muy interesante.
A veces encontramos afuera aquello que no nos permitimos ser.
Y esa persona que tanto nos irrita puede convertirse, sin quererlo, en un espejo.
“¡Yo jamás sería como él!”
¿Seguro?
Quizá no quieras ser como él.
Y está bien.
Pero puede ser interesante preguntarte:
¿Qué representa para mí esa persona?
¿Qué me molesta tanto?
¿Qué parte de su comportamiento rechazo?
¿Por qué me afecta tanto?
¿Qué emoción despierta en mí?
Y quizá aparezca algo inesperado.
No necesariamente significa que seas igual.
Significa que esa persona está tocando algo en ti.
Algo que quizá necesita ser comprendido.
Porque la sombra no siempre aparece en nosotros de una manera evidente.
A veces la reconocemos primero en el otro.
Los opuestos también aparecen en las relaciones
Y aquí es donde todo esto se vuelve muy cotidiano.
Porque podemos hablar de Jung, del inconsciente y de la sombra…
pero ¿dónde vemos realmente todo esto?
En casa.
En la pareja.
Con nuestros hijos.
Con nuestros amigos.
En el trabajo.
En esas discusiones que comienzan por:
“¿Por qué dejaste eso ahí?”
y terminan veinte minutos después hablando de:
“¡Es que nunca me escuchas!”
Porque probablemente esa discusión no era solamente sobre eso que quedó ahí.
Había algo más.
Una necesidad.
Una herida.
Una expectativa.
Una diferencia.
Una parte de nosotros sintiéndose no reconocida.
Y ahí aparecen nuestros opuestos.
¿Por qué necesitamos que el otro sea como nosotros?
Esta pregunta puede ser incómoda.
Porque muchas veces queremos que las personas que amamos funcionen como nosotros.
Si nosotros hablamos, queremos que hablen.
Si nosotros perdonamos rápido, queremos que perdonen rápido.
Si nosotros necesitamos espacio, queremos que entiendan nuestro espacio.
Si nosotros resolvemos inmediatamente, queremos que el otro también lo haga.
Y cuando no sucede:
nos frustramos.
Pero quizá amar a alguien también implica descubrir que esa persona tiene un mundo interno que no funciona exactamente como el nuestro.
No para aceptar cualquier cosa.
No para renunciar a nuestros límites.
Sino para comprender que diferente no necesariamente significa equivocado.
Y aquí empieza su interés por los opuestos
Queríamos crear un espacio donde pudieran hablar de estos temas de una manera diferente.
Sin convertir la psicología en una clase.
Sin llenar todo de palabras complicadas.
Sin decirte quién tiene razón.
Quieren conversar sobre esas situaciones que todos vivimos y que, vistas desde la psicología junguiana, pueden adquirir un significado diferente.
Porque quizá una discusión cotidiana está mostrando una polaridad.
Quizá un conflicto está revelando una parte de nuestra sombra.
Quizá una relación difícil nos está mostrando algo de nosotros mismos.
Y quizá una contradicción interna no necesita que la resolvamos inmediatamente.
Quizá necesita que la escuchemos.
Después de los 45, las contradicciones pueden hacerse más visibles
Hay otra razón por la que este tema nos interesa especialmente.
La segunda mitad de la vida puede poner frente a nosotros muchas contradicciones que antes estaban escondidas detrás de nuestras responsabilidades.
Durante años sabemos perfectamente qué tenemos que hacer.
Trabajar.
Criar.
Cuidar.
Resolver.
Producir.
Cumplir.
Pero llega un momento en que algunas de esas estructuras cambian.
Y aparecen preguntas nuevas:
¿Qué quiero ahora?
¿Quién soy más allá de mis roles?
¿Qué partes de mí he dejado atrás?
¿Qué ya no quiero seguir haciendo?
¿Qué deseo recuperar?
¿Qué necesito soltar?
Y quizá descubrimos algo desconcertante:
podemos querer dos cosas aparentemente contradictorias al mismo tiempo.
Quiero estar acompañada y necesito estar sola.
Quiero cambiar y tengo miedo.
Quiero libertad y quiero seguridad.
Quiero cuidar a los demás y también quiero que me cuiden.
Y tal vez eso no significa que estemos confundidos.
Tal vez significa que estamos entrando en una etapa más profunda de nosotros mismos.
No se trata de elegir un lado
Esta es una de las ideas que queremos explorar en CONNECTA Opuestos.
No queremos decirte:
“Escoge entre A o B.”
Nos interesa mucho más preguntarnos:
“¿Qué sucede entre A y B?”
Porque quizá ahí está la verdadera riqueza.
Entre fuerza y vulnerabilidad.
Entre independencia y vínculo.
Entre control y confianza.
Entre hacer y ser.
Entre hablar y escuchar.
Entre quedarnos y partir.
Entre lo que fuimos…
y lo que todavía podemos llegar a ser.
Los opuestos pueden convertirse en una puerta
Quizá por eso nos interesan tanto.
Porque aquello que nos contradice puede obligarnos a detenernos.
A preguntarnos.
A mirarnos.
A crecer.
La persona que piensa diferente a nosotros puede ampliar nuestra mirada.
La situación que no podemos controlar puede enseñarnos a confiar.
La emoción que rechazamos puede mostrarnos una necesidad.
El cambio que tememos puede abrir una nueva etapa.
Y la parte de nosotros que hemos mantenido en la sombra puede estar esperando ser reconocida.
Desde una mirada junguiana, integrar no significa eliminar los opuestos.
Significa poder reconocerlos dentro de nosotros y encontrar una manera más consciente de relacionarnos con ellos.
Entonces… ¿qué queremos hacer en CONNECTA Opuestos?
Queremos hablar de la vida.
De esas contradicciones que todos conocemos.
De lo que sucede cuando queremos una cosa y al mismo tiempo queremos otra.
De las diferencias que aparecen entre nosotros.
De aquello que proyectamos en los demás.
De nuestras sombras.
De nuestros cambios.
De nuestras relaciones.
Y también de ese momento de la vida en que comenzamos a preguntarnos:
“¿Quién soy ahora?”
No queremos darte respuestas cerradas.
Queremos abrir preguntas.
Porque creemos que a veces una buena pregunta puede mover mucho más que una respuesta.
Y quizá el opuesto que más te molesta tenga algo que decirte
La próxima vez que alguien haga algo que te desespere, quizá puedas detenerte un segundo antes de pensar:
“¡Qué diferente es de mí!”
Y preguntarte:
“¿Qué me está mostrando esta diferencia?”
No tienes que estar de acuerdo.
No tienes que convertirte en esa persona.
No tienes que dejar de poner límites.
Simplemente puedes mirar un poco más profundo.
Porque quizá aquello que vemos como una contradicción…
sea una oportunidad de conocernos.
Y quizá eso que tanto rechazamos afuera…
nos esté invitando a mirar algo dentro.
Bienvenidos a CONNECTA Opuestos
Este podcast nace de nuestra curiosidad por esas diferencias, contradicciones y polaridades que forman parte de nuestra vida.
Nos apoyamos en la mirada de Carl Jung y la psicología junguiana para explorar qué hay detrás de aquello que vivimos todos los días.
Porque creemos que conocernos no significa convertirnos en personas perfectas.
Significa poder mirar nuestras diferentes partes con un poco más de conciencia.
Y quizá también aprender a mirar al otro con menos juicio y más curiosidad.
Porque al final…
no se trata de dejar de ser diferentes.
Se trata de aprender a encontrarnos en nuestras diferencias.
Bienvenidos a CONNECTA Opuestos
un espacio creado con mucho cariño (y experiencia) para ti.
Recibe un abrazo,
Lourdes Albarrán y Julieta Carrillo